Les évêques africains tiennent ferme sur la doctrine au Synode par Jean Kinzler 2015-10-24 13:55:15 |
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LOS OBISPOS CIERRAN SÍNODO FAMILIAR QUE MOSTRÓ DIVISIONES
POR NICOLE WINFIELD Y DANIELA PETROFF
ASSOCIATED PRESS
CIUDAD DEL VATICANO (AP) -- Los obispos católicos de todo el mundo se preparaban el sábado para votar el documento final sobre cómo mejorar el ministerio a las familias católicas, tras una disputada cumbre de tres semanas que dejó al descubierto las profundas diferencias entre los prelados ante la llamada del papa Francisco a mostrar una Iglesia más misericordiosa y menos crítica.
Al comenzar el último día, los indicios apuntaban a que los 270 obispos no apoyarían ninguna práctica pastoral nueva importante sobre el trato a los homosexuales o los divorciados, los dos temas más polémicos del sínodo. Los conservadores se atienen a la doctrina de la Iglesia y se resisten desde hace tiempo a las peticiones de sus colegas más progresistas sobre que adopten una nueva estrategia.
El resultado todavía era incierto, dado que el viernes por la noche se incorporaron al texto nuevas enmiendas y los obispos lo votarían el sábado por la tarde párrafo a párrafo. Se necesita una mayoría de dos tercios para aprobar cada apartado. Pero la impresión era que al buscar un consenso, el texto final supondría una sólida confirmación de las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia.
"Creo que el resultado se conocía antes incluso de que subiéramos al avión", comentó la hermana Maureen Kelleher, una de las pocas mujeres invitadas para dirigirse al sínodo y participar en sus conversaciones, aunque sin votar porque las mujeres no tienen derecho a voto en la cumbre. Kelleher dijo creer que los prelados estaban "asustados de que el papa Francisco cambie la doctrina de la Iglesia", aunque ni el sínodo ni el papa puedan hacerlo.
Sin embargo, Francisco sí retiró del debate un tema polémico antes incluso de que comenzara el sínodo, al aprobar una nueva norma que facilita que las parejas divorciadas puedan conseguir la nulidad de su matrimonio, una declaración eclesiástica que declara inválido el enlace. La reforma iba a dirigida a resolver una queja presentada por varias generaciones de católicos a los que se negaron sacramentos porque se habían divorciado y vuelto a casar fuera de la iglesia sin una anulación.
El sínodo se centró en cuestiones mucho más controvertidas, desde cómo debe ofrecer la Iglesia una preparación mejor para el matrimonio a las nuevas parejas hasta cómo hallar formas mejores de instar a las familias divididas por la migración, la pobreza o la guerra a que perseveren en su fe.
"No creo que ninguna de nuestras familias sea perfecta", dijo el cardenal canadiense Gerald Lacroix. "Todas nuestras familias, incluida la mía y quizá la suya y todas las nuestras, tienen personas con problemas. Tenemos que caminar con ellos y ayudarles".
El debate se celebra a puerta cerrada y el público general sólo consigue atisbos de las discusiones, aunque asistió a una especie de sínodo paralelo en los medios, algo que suele ocurrir durante las reuniones privadas en el Vaticano.
Al principio se filtró una carta a Francisco de 13 cardenales conservadores en la que se quejaban de los procedimientos del sínodo y advertían que la propia Iglesia católica estaba en riesgo de colapsar si los obispos iban demasiado lejos al adaptarse a sus fieles.
Después, las discusiones llegaron a la prensa cuando varios cardenales de alto rango se criticaron entre sí de forma pública. Los obispos de habla alemana expresaron su descontento redactando sus propias enmiendas por escrito, con una crítica pública al cardenal australiano George Pell, que lideró el bando conservador en el sínodo contra los progresistas alemanas.
Y por último llegó lo más sensacional: un periódico italiano publicó que Francisco padecía un tumor cerebral. El Vaticano desmintió la noticia de forma rotunda y sugirió que podría ir dirigida a manipular el sínodo al poner en duda la salud -y por tanto la autoridad- de Francisco.
Durante todo el proceso, los obispos invitados a informar a la prensa cada día restaron importancia a las divisiones y dijeron que era de esperar que hubiera diferencias de opinión, dadas las grandes diferencias geográficas y culturales en una Iglesia universal y global de 1.200 millones de personas. La principal conclusión, señalaron, era que ahora volverían a casa y escucharían más a sus feligreses y les harían más compañía.
"Si este sínodo fuera la Iglesia, diría que es el final de juzgar a la gente, el final de una Iglesia que juzga en todas las situaciones", comentó el obispo belga Lucas Van Looy. "Es una Iglesia que da la bienvenida, una Iglesia que acompaña, una Iglesia que escucha, una Iglesia que también habla con claridad".
Puede que eso fuera el objetivo de Francisco desde el principio.AP
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